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El modelo de recuperación para ayudar a los enfermos mentales da resultados prometedores

Algunos programas son muy prometedores, pero el financiamiento en California es lento.

Por Marcia Meier de Miller-McCune, 20 de noviembre de 2008

Patrick Kaufmann llegó a tocar fondo, pero sólo después de mucho tiempo. Desvastado por la depresión y luchando contra delirios esquizofrénicos, todo lo que quería era drogarse y que lo dejen tranquilo. Afortunadamente, su familia y un programa innovador de servicios de salud mental de Michigan basado en el modelo de recuperación llamado Tratamiento Comunitario Afirmativo (ACT, por sus siglas en inglés) no se dieron por vencidos.

Kaufmann había recibido tratamiento para la esquizofrenia durante varios años, pero no fue hasta que comenzó a vivir con cuatro personas más en un departamento mugriento, desesperado por encontrar colillas de cigarro para fumar y cenando con mostaza, que decidió que tenía que cambiar. Igualmente, tuvo que recorrer un largo camino antes de comprender que necesitaba ayuda.

Comenzó a experimentar la depresión por primera vez a los 12 años. Fue empeorando en la escuela secundaria; estaba abatido y trató de suicidarse. Comenzó a usar muchas drogas ilegales, "lo que probablemente agravó mi depresión", dijo.

Después de la escuela secundaria, consiguió un trabajo de verano y asistió a una universidad comunitaria en Pennsylvania, pero para el segundo año comenzó a tener delirios graves. Escuchaba voces y creía que podía cambiar los eventos que ocurrieron en su escuela secundaria simplemente pensando sobre ellos. La universidad suspendió sus actividades académicas y perdió el departamento donde vivía.

Tenía actitudes violentas y al final terminó mudándose a la casa de sus padres. Allí creyó que los padres estaban tratando de controlarlo. Fue arrestado y terminó en la cárcel. Su perro atacó a su padre y hubo que sacrificarlo. De la cárcel pasó a un hospital para enfermos mentales donde, a la edad de 20 años, fue diagnosticado con esquizofrenia.

"Del hospital fui directamente al programa ACT", InterAct de Michigan, en su pueblo natal de Kalamazoo, dijo Kaufmann.

InterAct de Michigan, como otros programas ACT del país, se compone de un equipo de respaldo para trabajar con enfermos mentales graves en un ambiente comunitario, brindándoles los servicios necesarios para que no corran peligro y puedan controlar su enfermedad a cualquier hora del día o la noche.

El equipo de profesionales está típicamente compuesto por un psiquiatra, una enfermera, un psicólogo, un trabajador social, un trabajador de salud mental, un consejero de drogadicción, quizás un funcionario de libertad condicional y frecuentemente un "consumidor especializado de respaldo", o sea una persona que también ha sufrido una enfermedad mental y que defiende los derechos de sus pares. El equipo se reúne todos los días y brinda los servicios necesarios según las circunstancias.

Por ejemplo, un cliente puede necesitar un día ayuda para realizar transacciones bancarias o puede estar experimentando un episodio psicótico y requiere intervención médica, y otro día puede necesitar ayuda para encontrar una vivienda adecuada. El equipo trata de resolver todas las situaciones que se presentan y los clientes tienen una voz importante para decidir lo que se va a hacer. InterAct de Michigan cuenta con dos equipos ACT que brindan servicio a 260 clientes a toda hora del día y noche.

Pero Kaufmann, cuyos problemas de drogas crearon un "diagnóstico dual" de enfermedad mental y drogadicción, se resistió al tratamiento y dejó ACT.

Seis años más tarde "me estaba drogando todo el día y todos los días. Finalmente, me di cuenta que no me quedaba absolutamente nada", dijo Kaufmann. "Una noche estuve despierto sin dormir nada y a la mañana siguiente llamé al programa ACT y les dije que quería volver a empezar".

Eso fue hace cuatro años. Hoy, Kaufmann está empleado por InterAct como consumidor consejero y ha iniciado un grupo sin fines de lucro llamado Power Branch para respaldar y brindar servicios a otros enfermos mentales que quieren manejar mejor sus propias vidas. Hace un año se casó y, junto con su esposa, que sufre de trastorno bipolar, acaban de tener su primer hijo.

Algunas ideas están funcionando

El programa ACT de Kalamazoo es uno de los cientos programas similares en el país que ayudan a los enfermos mentales a vivir exitosamente por sí mismos, tener un trabajo y contribuir a sus comunidades. Sólo en el estado de Michigan hay más de 100 equipos ACT; y hay también equipos similares en otros 34 estados. El modelo ahorra dinero y reduce sustancialmente la cantidad de días que los clientes permanecen internados, comparado con otros modelos de tratamientos externos. Una variación llamada Tratamiento Asistido de Paciente Externo, cuyos clientes se inscriben por orden de la corte, reduce el tiempo de encarcelamiento y también las tasas de recaída.

Otro modelo de tratamiento exitoso es el centro social (Clubhouse), un entorno comunitario donde los clientes pueden encuentran respaldo y servicios sin necesidad de concertar una cita. Típicamente, los centros sociales ofrecen consejería para sus "miembros", permitiéndoles planificar y manejar su propio proceso de recuperación. Aprenden destrezas sociales y a lidiar con sus problemas, y son remitidos a servicios de salud mental y de empleo. También pueden asistir a una variedad de clases, como capacitación en computadoras y ejercicios físicos. Como en el caso de ACT, los programas Clubhouse han demostrado ser mucho menos costosos que los programas tradicionales de tratamiento en instituciones o clínicas.

Pero ha sido muy difícil convencer a los condados y los estados que reasignen recursos de los programas tradicionales a modelos de salud mental más innovadores.

"El modelo de recuperación es claramente el método más progresivo y alentador de tratamiento en el país", dijo Paul Erickson, director médico de los servicios de salud mental de Cottage Health System en Santa Barbara, California. "Vincula el tratamiento a todos los aspectos de la vida de una persona: trabajo, relaciones, vivienda, familia y contribuciones comunitarias. Está pasando de tratar los síntomas a tratar a la persona en su conjunto".

El problema, dijo Erickson, es que los recursos para proporcionar estos servicios están severamente limitados. Supervisa un ala médica de 20 camas para enfermos mentales y con problemas de drogadicción en un hospital que brinda servicios a una comunidad de 225,000 personas. El establecimiento de cuidado psiquiátrico del condado tiene otras 16 camas. Pero según el Centro de Defensa de Tratamiento, un grupo nacional sin fines de lucro, una comunidad del tamaño de Santa Barbara debería tener un mínimo de 200 camas. Y esto es sólo para intervención de crisis. Más allá de eso, los programas comunitarios para brindar servicios a los enfermos mentales también tienen muy poco financiamiento, dijo.

"Los enfermos mentales necesitan respaldo para obtener viviendas, conseguir trabajo y manejar su vida cotidiana. Pero para eso hacen falta recursos, y los recursos disponibles son muy escasos para empezar", dijo Erickson.

Erickson, que llegó a Santa Barbara del Cambridge Hospital de Boston, afiliado con la Universidad de Harvard, dice que tiene que mendigar cada día para obtener servicios del condado para clientes de salud mental que llegan al hospital. Los programas innovadores como ACT, Clubhouse y los Equipos de Intervención de Crisis del sistema legal han probado ser exitosos, pero sólo se ponen en práctica en forma esporádica, dijo.

"La base de conocimientos, capacidad y atención médica para mejorar existen. Lo que falta es voluntad política y el financiamiento", explicó Erickson.

"Aquí en California nos cuesta trabajo desprendernos del modelo viejo", dijo George Kaufmann, el padre de Peter. El padre se mudó a California de Michigan hace nueve años y ahora es miembro de la junta directiva de la Asociación de Salud Mental del estado, como también un defensor de NAMI.

Si bien Peter está estabilizado, Kaufmann dice que permanece involucrado porque los servicios que Peter pudo utilizar no se encuentran disponibles en otros lugares.

En particular, California no tiene la gama de servicios que otros estados ofrecen, dijo.

"Muchos profesionales consideran que el problema es la persona, pero la enfermedad no es la persona", dijo Kaufmann. "Los enfermos mentales quieren lo mismo que los demás: participar en actividades laborales y esfuerzos voluntarios, respetarse a sí mismos. Tienen que creer que tienen algo para ofrecer. Esa es una parte inmensa de la recuperación."

"Los mejores resultados clínicos para los enfermos mentales severos es cuando reciben tratamiento y servicios usando el modelo de recuperación".

Massachusetts tiene un programa bastante bueno, dijo Kaufmann. Y Michigan, a pesar del terrible estado de su economía, brinda servicios de recuperación bastante efectivos, contratando en forma externa todos sus programas de tratamiento, añadió.

NAMI publica periódicamente un boletín de calificaciones para cada estado. En el último de ellos, realizado en 2006, el puntaje promedio a nivel nacional fue una D. Los estados mejor calificados, Wisconsin, Connecticut, Maine, Carolina del Sur y Ohio, recibieron una B. Veintisiete estados recibieron D o F.

Lo importante es el dinero

Un desarrollo reciente que despierta esperanzas en California (que obtuvo un puntaje de C en la escala de NAMI) fue la aprobación en 2004 de la Ley de Servicios de Salud Mental, una iniciativa que impuso un impuesto del 1 por ciento sobre los ingresos mayores a 1 millón de dólares por año. La recaudación de este impuesto se destinará a los condados que brinden nuevos programas para los enfermos mentales, o programas mejorados.

La financiación se ha distribuido con cuentagotas. El nuevo impuesto generó más de $2,100 millones de dólares en nuevos ingresos para servicios de salud mental en el año fiscal 2006-2007, y se esperaba una recaudación superior a los $1,600 millones en 2007-2008 y $1,700 millones en 2008-2009. Pero sólo se distribuyeron $645 millones a las agencias locales a fin del año fiscal 2006-2007, y se anticipaba una distribución de $1,000 millones tanto en el año fiscal 2007-2008 como en el año fiscal 2008-2009, de acuerdo a cifras del Departamento de Salud Mental de California reportadas a la legislatura estatal en mayo de 2008.

Impulsada por la junta directiva de la Asociación de Salud Mental del estado, la ley fue un intento de eludir a la burocracia de financiamiento tradicional y generar nuevas fuentes para programas necesarios. Técnicamente el dinero sólo se puede usar para programas nuevos, lo cual genera frustraciones para muchos miembros de la comunidad de salud mental. Pero Kaufmann dice que el dinero también se puede usar para expandir los programas existentes, siempre que se basen en el modelo de recuperación.

"A largo plazo tenemos esperanzas", dijo Kaufmann. "Pero el problema es que nos está tomando tanto tiempo".

Fuente: Miller-McCune

Link: http://www.miller-mccune.com/article/782

 

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